Predica Dominical 08 de Julio de 2012 en iglesia Cristiana Casa de Dios por el Pastor Cash Luna

La fe nos distingue como cristianos, es el común denominador de los hombres y mujeres de la Biblia, es la razón por la que ellos alcanzaron buen testimonio. En Hebreos 11 no leemos sobre hombres y mujeres perfectos sino esforzados y valientes, aunque con faltas, equivocaciones y temores. Sabemos que Abraham, Sansón, David, Josué, incluso Raab terminaron bien, entonces decimos creer que Dios estuvo con ellos porque los respaldó. Pero la cuestión es creer que Él quiere hacer Su obra con nosotros en este tiempo. Ahora no construiremos un arca, no tendremos que vencer  a Goliat, pero enfrentamos nuestros propios desafíos: la empresa, la iglesia y la familia, que no son menos retadores. En estas circunstancias es cuando debemos demostrar que tenemos fe para emprender sin necesidad de tantas confirmaciones de Dios.

En la actualidad decimos “gloria a Dios” por el arca, pero si hubiéramos vivido en ese tiempo, cuando ni siquiera se conocía el concepto de lluvia, seguro que hubiéramos dudado. El problema no es creer que Dios hizo maravillas, sino creer que ahora también las hará. El problema no es creer que Jesús sanó a muchos enfermos, sino creer que Él desea sanarnos. La razón nos abandona donde la fe nos da la mano. Demostremos que nuestra voluntad es de perfecta obediencia a Dios, quien nos manda a ser esforzados y valientes. ¡Este es el momento cuando tu fe será desafiada para emprender lo que piensas que es imposible lograr!

Los antecedentes de la fe del centurión
Marcos 12:15-17 relata: Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.
Para comprender la enseñanza sobre la fe del centurión romano, debemos analizar los antecedentes y el contexto. Primero vemos que Jesús era parte del pueblo judío, que en esa época era esclavo de Roma. Entonces, cuando le preguntaron si debían tributar a César, intentaban ponerlo contra la espada y la pared, pero Él respondió con justicia diciendo que debían dar al César y a Dios lo que le pertenecía a cada uno. Así que debemos hacer lo mismo, pagar nuestros impuestos, porque es dinero que se utiliza por el bien común y no nos pertenece. Además, debemos darle a Dios como merece. Esa es nuestra responsabilidad.

En Mateo 5:39-41 leemos: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.
El segundo antecedente es cuando Jesús, de nuevo, siendo parte del pueblo subyugado por la orden de llevar una milla la carga de los romanos, ¡les pide que se sometan aún más y la lleven otra milla! Las enseñanzas de Jesús eran controversiales porque pretendía ayudarnos a sanar nuestro corazón y edificar nuestra vida. La amargura que los judíos sentían al verse obligados a llevar la carga una milla era grande. Imagino que iban maldiciendo y protestando, pero al avanzar la segunda milla, seguramente sus corazones, poco a poco, iban transformándose, porque cuando hacemos lo que Jesús nos pide, nuestra vida y disposición cambia para bien. Ellos estaban resentidos como esclavos, pero Jesús vino a liberarlos del rencor. Su doctrina es de paz entre jefes y empleados, entre padres e hijos. Jesús nos enseñó que nuestro corazón sana cuando damos más de lo que nos han pedido.
La fe que sabe de autoridad
Lucas 7: 3-9 cuenta sobre la fe del centurión: Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
Lo primero que nos enseña esta Escritura es que nuestra fe crece al escuchar. El centurión escuchó sobre Jesús y tuvo fe en que Él podría sanar al siervo enfermo. Necesitamos renovar nuestra fe alimentándola con Palabra. No crecemos por sentir, sino por practicar la Palabra de nuestro Señor. cuanto más escucho, más fe puedo llegar a tener. Congregarnos y escuchar la Escritura alimenta nuestra fe que debe crecer para enfrentar nuevos desafíos. Dios desea levantarnos, no solamente sacarnos de los problemas. Tu fe debe demostrar que crees por grandes proezas. Recuerda que los sueños son la única forma de erradicar las pesadillas. No tengas pena de pedir mucho más que salir de las dificultades. No pidas solamente por sanar de la enfermedad, sino que debes pedir cuando estás sano y quisieras tener recursos para asistir al gimnasio y ser más fuerte.  Tu fe debe llevarte a pedir por llegar a la cima, no solamente por salir del pozo.

La Palabra dice que Jesús se maravilló de la fe del centurión romano. ¿Sabes lo que implica que el Todopoderoso se maravillara de alguien? Con la cananea fue diferente porque la hizo pasar por un proceso de confrontación, pero con el centurión se maravilló desde el inicio y alabó su fe. Eso lo hace digno de ser estudiado e imitado. Como cristianos debemos tener fe para aprender, para escuchar más sobre la fe y  tener más fe. Es como un círculo virtuoso que provoca creer y tomar acción.

Ambos, la cananea y el centurión eran gentiles, no eran del pueblo escogido, lo que implica que nosotros también podemos maravillar a Dios con nuestra fe. El poder de Dios está disponible para quien le cree y le pide. Él lo sabe todo, pero desea escuchar tu petición confiada porque quiere saber cuánto deseo tienes de recibir bendición. Esto es algo que aprendemos de la fe de estas dos personas que se atrevieron a pedir a Jesús.

Entonces, vemos que el centurión sabía quién era Jesús. Seguramente lo investigó y supo que era aquel hombre que le hablaba a las multitudes sobre el amor al prójimo, pero también les enseñaba sobre el respeto a la autoridad, sobre dar el tributo y ofrecer más de lo que se les exigía. Seguro que esto lo asombró. Así que lo mandó llamar porque sabía que no podría negarse, como los ancianos tampoco podían negarse a ir a buscarlo porque eran esclavos de Roma. Por eso fue que los judíos le rogaron a Jesús que fuera donde el centurión.

Cuando Jesús estaba cerca, el centurión envió a otros mensajeros a darle instrucciones. En ese momento es cuando se hace evidente su fe con pantalones, casi impositiva. Usó el poder que tenía como romano sobre Jesús quien era judío. Es increíble ver que le habló usando una parábola que explicaba la relación de autoridad: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, pero conozco sobre obedecer órdenes. Digo que vayan y van, como lo hice con los ancianos para que te trajeran; a otros les pido que vengan y vienen, como Tú has venido; así que te pido que sanes a mi sirviente”.  En otras palabras le dijo: “Respeto Tu señorío como tú respetas el mío”. ¡Este hombre mandó a Jesús que obrara un milagro! Ante semejante actitud, Jesús no tuvo más que maravillarse de esa fe poderosa y convincente.

Hijos que piden con fe
¿Permitiremos que un romano tenga más fe que nosotros? Jesús sabía de autoridad, por eso no se molestó con las palabras del centurión y tampoco se ofenderá si te acercas convencido de tu posición como hijo y le dices: “Padre, soy heredero de estas promesas y te pido que se cumplan”. Entonces, Él dirá: “¡Wow! Qué fe la que tiene este hijo Mío”. Nosotros no tenemos autoridad sobre Jesús, pero sí tenemos los derechos de herederos que Él compró en la cruz del Calvario.

Esto me hace pensar que fue ese mismo centurión quien le pidió a Simón de Cirene que ayudara a Jesús a cargar la cruz. Así que este romano nos enseña a usar nuestra autoridad como hijos de Dios y a obtener bendición, utilizando la fe que hemos recibido. Debes tomar ese ejemplo de fe para pedirle a tu Padre Celestial todo lo que necesitas, porque Jesús dijo que recibiremos todo lo que pidamos en Su nombre. Si al romano no lo detuvo ni siquiera su pecado, porque dijo que no era digno, nada debe detenernos ya que sabemos que somos salvos por la misericordia de nuestro Señor.

Dios nos ha dado esta revelación porque ha visto que caminamos por fe y hemos llegado al punto donde nos llevará a un nivel que necesitará de toda nuestra confianza en Él. Deja a un lado el temor y asume la confianza que te otorga el poder de nuestro Señor. Dile: “Gracias Padre, mi fe ha sido totalmente renovada, tendré los pantalones bien puestos para creer y lograr lo que anhelo”. ¡No te detengas y avanza hacia la meta!

  • La fe del centurión romano
  • La fe del centurión romano
  • La fe del centurión romano
  • La fe del centurión romano
  • La fe del centurión romano