Los líderes del cuerpo de Cristo enfrentamos grandes desafíos sociales, políticos y económicos. Pero también sabemos que el reto más grande es trabajar con personas. Hay tres grandes desafíos en el liderazgo: uno es descubrir el propósito de las personas en la organización, otro es la gestión del cambio y la valentía; y el tercero es la gestión de la lealtad y el compromiso de las personas con las que trabajamos. Esto es lo que provoca que las organizaciones funcionen. Debemos descansar en la confianza de nuestro liderazgo. El desafío más importante de la iglesia y del mundo es rescatar los valores, especialmente la lealtad.

Dicha lealtad tiene tres ingredientes: fidelidad, es decir, cumplir con los compromisos, ser defensa y respaldo. El segundo ingrediente es el honor, que se traduce en honradez, integridad y respeto. Y el tercer ingrediente es la gratitud, el corresponder, y devolver lo recibido. La lealtad es una virtud de Dios, una fuerza, una obligación para todos los hijos de Dios. Es la marca inequívoca de que perteneces a Su Reino. Por el contrario, la deslealtad tiene tres ingredientes: la presunción, la soberbia y la altivez. Por eso Dios rechaza la deslealtad, porque Él ama la humildad y es fiel siempre.

2 Samuel 15:13-23 dice: Y un mensajero vino a David, diciendo: El corazón de todo Israel se va tras Absalón. Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada. Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están listos a todo lo que nuestro señor el rey decida. El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas, para que guardasen la casa. Salió, pues, el rey con todo el pueblo que le seguía, y se detuvieron en un lugar distante. Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los cereteos y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gat, iban delante del rey. Y dijo el rey a Itai geteo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar. Ayer viniste, ¿y he de hacer hoy que te muevas para ir con nosotros? En cuanto a mí, yo iré a donde pueda ir; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; y Jehová te muestre amor permanente y fidelidad. Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo. Entonces David dijo a Itai: Ven, pues, y pasa. Y pasó Itai geteo, y todos sus hombres, y toda su familia. Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó al camino que va al desierto.

La Biblia nos relata uno de los peores momento que enfrentó el rey David porque su hijo se rebeló contra él. Se había enfrentado a gigantes y a ejércitos, pero en esa época, su enemigo era parte de su familia. Lo amaba tanto que no tenía fuerzas para pelear. La crisis revela el carácter del corazón de las personas. David se sintió amenazado porque Absalón venía a matarlos a todos. Entonces, se dirigió al Monte de los Olivos, descalzo y llorando, a adorar al Señor. Allí fue donde se inspiró y cantó el salmo tres que nos enseña principios para manejar la traición.

Este Salmo enseña que ante una traición, debemos vaciar nuestro corazón con Dios y contarle lo que sentimos, ya que es el único en quien podemos confiar. Luego, David hizo una pausa para reflexionar y recordar las veces que Dios había sacado la cara por él y pensó que seguro lo haría de nuevo. Después dijo: “más Tú”, porque la última palabra la tiene Dios, no las circunstancias. Finalmente dijo: “Eres escudo”, porque ya se sentía fortalecido y tranquilo. Por ello, le dijo: “Tú eres mi gloria”. No pongas tu gloria en el mundo, porque solo Dios puede apoyar tu cabeza y devolverte lo que has perdido, frente a una traición.

Luego de descender del Monte, David vio desfilar a las personas que le eran fieles y se sorprendió de ver a Itai, uno que no tenía ninguna obligación de acompañarlo. Por eso, lo liberó de la responsabilidad, pero Itai no se fue, al contrario, le aseguró que estaría a su lado.

Dios está levantando una generación de Itai en las iglesias. Ese nombre significa “siempre conmigo, inseparable, amigo fiel”.  Viene un gran avivamiento de lealtad, fidelidad y compromiso que dará a luz una dimensión de gracia y de poder. No te detengas si te han lastimado, criticado o traicionado. Quien te lastima te hace fuerte, quien te envidia te hace valioso, y quien te desea lo peor, pavimenta tu camino hacia lo mejor. Esta generación es un nuevo orden de hijos espirituales, ¡no más Absalones, solo Itais! Eres escogido para ser leal y comprometido con el Señor.

La primera característica de esta generación leal es un gran amor por Dios. Itai dijo: “Vive Dios” porque Él es primero. Si eres leal al Señor, es imposible que seas infiel en tus relaciones. No puedes decir amar a Dios, si no amas a tus hermanos. Tu primer compromiso es con el Padre. La segunda característica de esta generación fiel es que tiene gran respeto por su líder. Itai dijo: “Mi señor es rey”, aunque David ya no era rey en ese momento, pero este hombre reconocía su llamado y asignación. No andes con personas que te toleran, sino con quienes te respetan. Jesús dijo: “Venid en pos de mi y os haré..”, lo que significa que deben buscarte para que los formes. ¡Un Itai es quien sacas por la puerta de enfrente y entra por la puerta de atrás, diciendo que no te abandonará! La tercera característica de la generación fiel es un gran compromiso con su líder. Itai le dijo: “Para muerte o para vida”. Dice la Palabra que en los procesos de muerte, en la poda, daremos frutos. Durante la vida y la prosperidad todo está bien, pero en medio de los problemas, es cuando se hace evidente la fidelidad. ¡En la iglesia hace falta gente que pelee la buena batalla! Los hijos leales están para vida o para muerte. La última característica de esta generación fiel es que  respaldan poderosamente a su líder. Itai dijo: “Donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo”. En otras palabras, dijo que siempre estaba para servirlo. La generación de Itai no busca algo detrás del servicio, sino que sirve porque ama al Señor y a la visión de su líder. Recuerda que cuando te creas grande para trabajos pequeños, quizá seas pequeño para trabajos grandes. No veas dónde estás, sino a dónde Dios te está llevando, porque Él recompensa la lealtad y el compromiso.

2 Samuel 18:1-2 relata: David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas. Y envió David al pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.

Luego, Itai fue promovido a una posición más alta, al liderazgo en la batalla. Si has servido fielmente, este es el tiempo cuando Dios te levantará, te retribuirá y te bendecirá. La promesa es que serás puesto sobre mucho, si demuestras tu fidelidad en lo que parece poco. No desmayes, la lealtad al Señor y a tus líderes será tu escudo en la batalla y tendrás la victoria.

  • Enfrentando el desafío de la deslealtad
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