1 Samuel 1:3-4 narra: Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte..

La Biblia nos relata una de las coyunturas históricas más trascendentes en la vida de Israel, un momento de transición espiritual. Vemos a Ana, una mujer estérial; Elcana, su esposo; y Penina su segunda esposa, la mujer que tenía hijos. Había rivalidad entre las dos mujeres, y Ana desesperada, finalmente busca la presencia de Dios y le ruega por un hijo. Además, le prometa que se lo entregará. No buscaba una dádiva, sino la realidad de Dios en su vida, porque lo había adorado siempre. Ella quería cambiar, ya no ser una mujer seca, pero no encontraba respuestas. Por eso, llegó a un lugar solitario, intentando darle la vuelta a la religión y buscar a Dios. La historia de Ana nos muestra que los hijos de Dios necesitamos descubrirlo para que Su mano soberana nos encuentre.

Pocos días después, Ana quedó embarazada y nombró Samuel a su hijo. Ese nombre significa “Dios oye”. La gente seguramente preguntaba a Ana: “¿No eras tú la estéril?” Y Ana contestaba: “Sí, pero tuve un encuentro con Dios”. Este chico Samuel me recuerda constantemente que nuestro Señor no es de papel, de lírica o de canciones, sino que es Dios de vida, poder, transformación y realidad.

Es poderoso notar que Ana, al buscar a Dios, pavimentó el camino para uno de los precursores más grandes del avivamiento en Israel. Entonces, cumpliendo su promesa, Ana dejó a su hijo en manos del liderazgo religioso de la época. Un liderazgo en decadencia con Elí, el sacerdote y los dos sinvergüenzas de sus hijos. Estos chicos conocían el culto en todas sus formas y maneras, pero la Biblia los describe como hombres impíos. Conocían sobre la vida piadosa, pero no conocían el origen de la piedad. Curiosamente, si revisamos las advertencias bíblicas para los días del fin, nos dicen que habrá personas que tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. Conocerán las formas y maneras de Dios, pero en la soledad de su vida, lo negarán. Una cosa es predicar de las cosas santas, pero otra es creerlas. En los últimos días, habrá una generación de gente aficionada a las cosas de Dios y de la iglesia, pero en la vida diaria, negarán la piedad. Esa era la personificación de Elí, un viejo gordo, como imagen grotesca de un ser espiritual que no busca a Dios, sino que al conformismo y la comodidad.

Con esas personas Ana deja a su precioso tesoro dado por Dios. Él es puesto allí como una semilla de esperanza y de fe. Esta es una tremenda descripción de lo que vemos en la actualidad. Las cosas del Señor gozan de gran popularidad, pero no necesariamente se caracterizan por tenerlo presente, lo cual es preocupante. Pero en medio de este ambiente, Dios pone una semilla de renovación que producirá cambios poderosos antes de Su venida.

Junto a Leví, Samuel escucha que lo llaman y piensa que es el Sumo Sacerdote, pero era Dios quien lo buscaba. Samuel dormía junto al Arca de Dios porque reflexionaba en su corazón. Si pudiéramos preguntarle cuál es la mejor lección que puede darnos para prepararnos para la venida del Señor, seguramente nos diría que lo mejor es desear Su presencia con pureza de corazón. Busquémoslo con fe para encontrarlo y estar a Su lado.

Entonces, Samuel recibió el consejo de guardar silencio y esperar, para poder escuchar al Señor y responder: “Heme aquí”. Esta es una actitud de completa rendición delante de Dios. No le pongas condiciones a tu Señor, prepárate para llegar hasta las últimas consecuencias. Entonces, Samuel esperó. Esta es una imagen de dónde nos quiere Dios antes de Su venida. Él nos quiere velando. ¡Continúa buscándolo porque esto te mantiene listo para cuando venga!

Luego, Dios le muestró Su plan a Samuel y le pintó el panorama de lo que estaba sucediendo en Israel. Además, le anunció que Su venida es un asunto de juicio. Él Llegará a Su pueblo para sacudir lo que es débil y que debe caer, y para que se quede lo genuino y puro. La manifestación plena de Su Reino, Su segunda venida será un momento de encuentro y de juicio. De hecho, Elí y sus hijos fueron juzgados por su falta de honra. Y murieron en la lucha contra los filisteos.

Durante muchos años, los hijos de Elí habían visto el Arca de la Alianza como un simple objeto que se podía utilizar. La presencia de Dios no es un amuleto, como la patita de conejo, que te da suerte en cualquier tontería que se te ocurra. Dios respalda lo que se origina con Él, nada más. Por lo tanto, cuando Israel quiso usar Su presencia como amuleto, Dios dijo: “Lo siento mucho”. Como respondemos a la presencia de Dios determinará si estamos preparados para Su venida que puede ser juicio y vergüenza para los impíos, y gloria para Sus hijos.

1 Pedro 1:17 dice: Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.

El Arca estuvo entre los filisteos haciendo estragos hasta que la devolvieron a Israel. En ese momento, hubo solo una casa que la pudo recibir, donde habitó durante veinte años. La Palabra nos explica que toda la casa de Israel añoraba al Señor. Esa añoranza fue el preludio para que el arca regresara. Añora a Dios, prepárate para Su venida, regresa al primer amor.

1 Pedro 4:7 aconseja: Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

En cierto momento, nuestro Señor purificó y purificará como a oro y a plata a sus portavoces. Así sucedió en la primera venida de Cristo, pero también tiene un segundo cumplimiento, cuando en los últimos días aprendamos a respetar Su presencia. Esto tiene que ver con el altar privado de la mente y del corazón, en todo lo que hagamos en público y la disposición de caminar acomodando nuestro estilo de vida al temor de Dios. La Palabra nos exhorta a conducirnos con temor y respeto todo el tiempo. Hagámoslo porque puede ser que mañana llegue el día que debamos partir con Él.

Judas 1:24-25: Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,  al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.

La Biblia nos motiva a ser prudentes de espíritu y sobrios para la oración. El diccionario nos dice que prudencia es moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. En nuestro caso, debemos usar la razón y la fe como una forma de mantener nuestra maleta lista para cuando Jesús venga por nosotros. Debemos estar en guardia, porque nuestra esperanza es que el Señor es poderoso para guardarnos y presentarnos sin mancha delante de Su gloria. ¡Amén!

  • Anhelar Su Venida
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