Dice la Palabra que la hija de la mujer cananea era atormentada por un demonio y ella se le acercó a Jesús para clamar que la sanara. En el original dice que ella lop adoró, es decir que se postró con la frente en tierra, luego de besar Su mano. Pero el Señor no sanó a su hija, sino hasta el momento cuando ella demostró su fe al insistir[1].

La adoración no debe estar condicionada porque esperamos recibir algo. Adoramos a Dios y punto, porque Él es nuestro Señor, digno de todo honor y gloria. Pedir con fe y recibir de Su gracia es diferente y sucede independiente de la adoración. Pensar que danzando obtendremos algo es volver a las prácticas místicas de los indios apaches que de esa forma hacían llover. De hecho, el día de Pentecostés, nadie cantó o bailó y el Espíritu se derramó con poder.

Debemos ser adoradores en espíritu y verdad, no “almáticos” que adoran dependiendo de su estado de ánimo. Dios continúa siendo nuestro Señor, sin importar si pecamos, estamos enojados con alguien o nos sentimos mal.

 

En otro pasaje de la Biblia leemos sobre la sanidad de 10 leprosos. Con ellos fue al revés que con la cananea porque ellos primero demostraron fe para obtener su milagro y luego, solamente uno, el samaritano, regresó a adorar[2]. Recordemos que los leprosos eran rechazados por la sociedad y obedecer la orden de Jesús de presentarse ante los sacerdotes era un acto de fe. Entonces, vemos de nuevo que la adoración es diferente al acto de pedir algo, porque podemos pedir a muchos, pero adorar solo a Dios.

Además, todos podemos adorar, lo aceptemos como nuestro Salvador o no, porque Él es Dios de todos, cristianos y gentiles y la adoración no depende de quien adora sino del que merece ser adorado: Dios, nuestro Creador. Así que es importante comprender que la adoración no trae sanidad o favor. Eso lo logra la fe. La adoración es un acto de honra que tiene significado en sí mismo y es independiente de todo lo demás. Lo adoramos porque es nuestro Dios, simplemente por eso.

 

La Escritura dice que ¡debemos alabarle con todo lo que tengamos a la mano[3]! Cuando Jesús entró en Jerusalén y lo recibieron con palmas, algunos le dijeron que callara a la multitud y Él respondió que si ellos no adoraban, las piedras lo harían. Todo lo que vive adora al Señor, cada ser, cada organismo. Si tú no lo haces, las plantas lo harán, pero Dios recibirá lo que merece.

Viene la hora cuando todos lo adorarán donde sea, ya que ¡Su presencia recorrerá el mundo entero[4]! El problema es encontrar a los verdaderos adoradores, no encontrar el lugar. Hay personas que durante los servicios del domingo, llegan a la iglesia solo a recibir Palabra y omiten la adoración. Con esa actitud están diciendo que lo reconocen como Maestro pero no como su Dios. Cuidado con el mensaje que envías al cielo con tu falta de honra al Señor.

Adórale cuando todo te vaya bien y también cuando estés en dificultades. Es fácil adorar cuando estamos en un templo bonito, cómodo y con buena música, pero ¿qué tal adorarlo en la cárcel como hacían Pablo y Silas[5]? Dios es el mismo hoy, mañana y siempre, con o sin milagro, con o sin música, con o sin tu pecado y merece la honra sin importar tu situación personal. No entramos a Su presencia por nuestro buen corazón, si no porque la Sangre del Cordero nos abrió las puertas del cielo. No intentes competir con esa verdad. Dile a tu Padre: “Aquí estoy, débil e imperfecto, pero te adoro porque Tú eres fuerte y perfecto y te reconozco como mi Dios”.

Imita a Sadrac, Mesac y Abed-nego quienes serían arrojados al horno de fuego si no adoraban la estatua del rey. Pero ellos dijeron: “Nuestro Dios es poderoso para sacarnos del fuego, pero si no lo hiciera, igual no nos postraremos ante la estatua”. Adórale porque Él es Dios y Señor, esa es la razón correcta.


[1] Mateo 15:21-28 dice: Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: !!Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !!Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

 

[2] Lucas 17:11-16 relata: Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: !!Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

[3] Salmo 150 aconseja: Alabad a Dios en su santuario; Alabadle en la magnificencia de su firmamento. Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes; Alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.

[4] Juan 4:20-24 enseña: Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

[5] Hechos 16:25 cuenta: Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

  • Adórale con Fe
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